Rayo Vallecano, fatigados por their esfuerzo en Estrasburgo, y un Girona en caída libre, se repartieron un punto cada uno en el cierre de la jornada 35 de LaLiga. Este resultado confirma matemáticamente el descenso del Real Oviedo a Segunda división. Fue un partido pobre en el que el equipo de la franja mereció más que los catalanes. Se adelantaron en el minuto 85 con un gol de Alemao, pero apenas cinco minutos después vieron cómo Stuani empató para sellar el marcador final.

Demasiado respeto, y eso se notó en Vallecas. Entre la alegría de tener un equipo que jugará una final europea y los cánticos de una parte de la afición contra el presidente, ni el Rayo ni el Girona quisieron arriesgar demasiado al inicio. Los locales, ya virtualmente salvados, esperaban aprovechar la ansiedad de los catalanes, que tras tres derrotas consecutivas se han vuelto a acercar a la zona de peligro. Pero los visitantes tampoco estaban dispuestos a exponerse. Al contrario, agazapados atrás, los de Míchel, con Ounahi como un inofensivo ‘9’ sorpresa, esperaban una oportunidad al contraataque.
Así pasaron 20 minutos hasta que una pérdida de balón dejó a Joel Roca en buena posición. Regateó a Batalla, quien le desequilibró, pero en lugar de buscar el penalti quiso seguir para marcar, y Óscar Valentín bloqueó su disparo. Cosas de ser honesto.
La acción animó el partido, que se abrió un poco más, aunque tampoco demasiado. Las defensas se imponían a ataques lentos y faltos de ideas. Camello lo intentó de cabeza, pero estuvo impreciso. Tsygankov sí dirigió bien el balón hacia la otra portería, pero flojo y fácil para Batalla. No fue sorpresa que al descanso se llegara con el insulso y merecido 0-0, a pesar de que Gazzaniga, en el último suspiro de la primera parte, tuvo que dar lo mejor de sí en un mano a mano con Camello.

La segunda mitad comenzó con más energía. El Rayo era más incisivo y estuvo a punto de aprovechar un pase peligroso de Gazzaniga en su área. La pelota le llegó a Unai López, pero se durmió al armar el disparo. La réplica llegó de nuevo con Tsygankov, que finalizó un buen contraataque con una pésima volea con la derecha.
Todo pudo animarse con un penalti a favor del Girona, pero el árbitro, Cuadra Fernández, inventó una mano de Óscar Valentín donde no había nada. El VAR corrigió la decisión. Los entrenadores también intentaron agitar el árbol. Le sentó mejor al Rayo, más dominante. Pero el ritmo volvió a brillar por su ausencia. Solo a balón parado o en lanzamientos lejanos llegó peligro entonces, como el de Lejeune que sacó con apuros Gazzaniga.

Tras eso, quedaba algo más de un cuarto de hora. Era el Rayo quien más lo intentaba ante un Girona entre timorato y rácano. Finalmente, llegó el premio para los anfitriones en el minuto 85: un disparo de Unai López que Alemao desvió intencionadamente para despistar a Gazzaniga y convertir el 1-0. Fue un golpe brutal para los catalanes, que pudieron quedar aún más noqueados si Gumbau no hubiera enviado a las nubes un remate en el punto de penalti tras una buena jugada por la banda izquierda.
El eterno Stuani
Las caras de los jugadores del Girona eran un poema. El descenso seguía demasiado cerca. Y Míchel se acordó de Stuani. A sus 39 años, aunque sea por unos minutos, siempre ayuda. El uruguayo, salvador en tantas ocasiones para los suyos, lo volvió a hacer: ganó en el salto dentro del área y empató en el minuto 90, sellando el 1-1 final. Un punto que no alivia a los catalanes, pero que hunde definitivamente al Real Oviedo.

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